22.12.2016 Arquitectos ocultos

Muchas editoriales presentan en su portada más destacado el nombre de su autor que el título de su libro; en los créditos de las películas aparece en primer lugar su director, aunque torpemente las salas de cine en Cali lo omiten en los avisos en la prensa; composiciones y canciones siempre tienen un autor; y en las artes visuales ha llegado a ser tan importante el nombre del artista como su arte. Pero aparte de los edificios más famosos, nunca se sabe quién es el responsable de los muchos otros que conforman poco a poco las calles de las ciudades; nada menos.

Los medios nunca mencionan a los arquitectos de las construcciones de las que supuestamente informan, pero tampoco se hace en los avisos publicitarios, como ya se dijo en esta columna (Anónimos, 01/04/2004), los que suelen ser engañosos (viva en medio de la naturaleza) además de que no dan todos los créditos respectivos. Y desde luego algo sí tendrían que decir las Secretarías de Planeación de las ciudades y la Sociedad Colombiana de Arquitectos, SCA, de los profesionales que no respetan las normas o que destruyen el patrimonio, incumpliendo la ley.

Así las cosas ¿qué hay detrás de la insistencia en repetir que el confeso autor de la violación y asesinato de la niña en Bogotá es un arquitecto? ya no dicen tanto que es de tal universidad, bachiller de tal colegio y socio de tal club, pero no olvidan nunca lo de arquitecto. Que su hermano sea abogado si puede tener relevancia, como se ha venido sabiendo, pero lo de arquitecto nada dice. ¿O sí?, entonces que digan qué conexión podría haber, porque esta vez no se trata del uso ocasional pero tan equivocado de la prensa de decir “el arquitecto de la reforma tal y cual…”.

Anónimo, como lo define el Diccionario de la Lengua Española, DLE, es una persona, especialmente un autor, de nombre desconocido o que se oculta. Lo que por supuesto es lo que no hacen nunca las estrellas internacionales de la arquitectura y los que aquí las imitan, para promocionar su ‘marca’ que es lo que en realidad venden con su arquitectura espectáculo, y no la sostenibilidad de sus proyectos, en todo sentido y no apenas su climatización pasiva, ni su respeto con el contexto urbano en el que otros lo construirán, ni el aporte que le hacen.

Por lo contrario, a muchos otros arquitectos lo que los inhibe de poner una placa con su nombre, es su equivocada idea de que no son obras ‘importantes’, cuando nadie les ha pedido que lo sean y que la gran mayoría de las veces no tienen por que serlo, justamente. Pero por supuesto todos los edificios la deberían tener indicando el año de construcción, la Curaduría Urbana que dio el permiso y los nombres de sus gestores, constructores, interventores y arquitectos, pero estos ni siquiera aparecen en los pequeños avisos provisionales que dan antes de la construcción y que nadie pueda leer con facilidad.

En conclusión, la relación actual entre un Estado ineficiente y corrupto y unos arquitectos que cada vez son más pero cada vez con menos ética y más estética copiada, agravada por una ciudadanía que no lo es tal pues carece de cultura urbana, es muy preocupante para el buen desarrollo de nuestras crecientes ciudades. La presencia de los arquitectos en ellas es cada vez más pero menos apreciada como lo que debería ser: el conjunto de los diseñadores de la ciudad, precisamente lo que recomendaba Jane Jacobs en Muerte y vida de las grandes ciudades, 1961.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 22.12.2016

06.10.2016 Arquitectas VII

Aparte de pioneras como la francesa Katherine Briçonnet (1494-1526) o Lady Elizabeth Wilbraham (1632-1705), antes del siglo XX son pocas las arquitectas. Julia Morgan (San Francisco 1872-1957) fue la primera norteamericana en graduarse, 1902, y la primera y única mujer con la Medalla de Oro del AIA, otorgada póstumamente en 2014. En 127 años de existencia van 126 medallas para hombres y una para las mujeres, pero ya dos han sido sus presidentes. Y hasta el 2000 existió paralelamente el AIAW para las mujeres cuya propia medalla de oro llevó el nombre de Julia Morgan.

Como también cuenta Germán Téllez, ante la misoginia hostil que encontró en las universidades americanas se fue a estudiar arquitectura en la escuela de Beaux-Arts en París. Se suponía que la arquitectura era una profesión de hombres y la única Facultad que la aceptó fue la de Columbia. Aunque esta era la más liberada de las ‘nuevas’ escuelas, le exigieron ir a clase vestida de hombre y costear, lejos de la facultad, un baño para ella sola; no aceptó y se fue.

Arquitecta del célebre William Randolph Hearst, magnate de la prensa americana de derecha a finales del siglo XIX y patrocinador y financiador de la guerra contra los españoles en Cuba de Teodoro Roosevelt, Hearts prácticamente la adoptó para contrariar la misoginia hostil de los colegas de ella, dice Téllez, y le dio el encargo interminable de diseñar y ampliar y remodelar una y otra vez su palacete en las montañas vecinas a San Simeón en California, del que Téllez piensa con razón que es un “pesado pastel ecléctico”.

Muy poco se sabía de ella, excepto su trabajo en San Simeón, pese a que diseñó más de 700 edificios, y que al menos un tercio fueron encargo de organizaciones de mujeres y feministas, y muchos se pueden ver en ‘Julia Morgan/Architect / Revised and updated’, 1995, de Sara Holmes Routelle, publicado por primera vez en 1988, quien estuvo en Colombia por esos años, recuerda Téllez, y que le interesó mucho el teatro Heredia de Cartagena y el Colón de Bogotá, y que vio las Torres del parque pero que no era admiradora de Salmona y sí estudiosa del eclecticismo latinoamericano.

La más reciente revaluación crítica de su obra le da a algunas de sus casas californianas el acertado calificativo de ‘Beaux Arts artesanal’, pues en su obra, de las más extensas de la historia, su arquitectura siempre fue ecléctica, combinando elementos de diversos estilos, ideas o posibilidades.

Su importancia estriba en que no era hombre, recuerda Téllez que decía Rafael Gutiérrez, recordado arquitecto y profesor de la Universidad de los Andes. Mas no puede haber una arquitectura por sexos y por tanto tampoco diferencias en su proyectación. A diferencia de pintoras, escritoras, bailarinas y músicas, no se sabe mucho del trabajo de las mujeres en la arquitectura y la razón puede ser que estaba muy vinculada a la construcción, una labor de hombres como ya se ha dicho.

Estos en general son más altos, se orientan mejor y cuentan con una superior percepción espacial con todos sus sentidos (cazadores) pero las mujeres son más sensibles a los colores y por tanto a lo visual. En conclusión, igual que a los estudiantes de música se les evalúa su ‘oído’ a los de arquitectura hay que hacerlo con su ‘ojo’ y evitar diferencias inconvenientes. El caso es que inicios del siglo XXI el 40% de los graduados en arquitectura en Occidente son mujeres, mas no más del 12 % la practican (Construir TV, sf). Mas tampoco los hombres.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 06.10.2016

22.09.2016 Arquitectas VI

Hablando de arquitectas, hay que hablar también de sus libros, además del ya citado de María Novas, Arquitectura y género/una reflexión teórica, 2014, están, de Marina Waisman, La arquitectura Descentrada, 1995, de Carmen Espegel, Heroínas del Espacio. Mujeres arquitectos en el Movimiento Moderno, 2007, Louise Noelle cuenta con once libros publicados, y está Margarita Gutman, historiadora de la ciudad de Buenos Aires, y otras varias importantes mujeres historiadoras. Y en Chile hay el blog ‘La otra mirada’ y existe el ‘Círculo de arquitectas de Panamá’.

En Colombia, además de los ya mencionados de Silvia Arango y Mónica Sánchez Bernal, está el de Beatriz García, con doctorado y numerosos artículos, Región y lugar: Arquitectura Latinoamericana Contemporánea, 2003, de Susana Jiménez, La arquitectura de Cali /Valoración histórica, 2009, o el de Giovanna Ricci, Conversaciones, Arquitectura, Armonía, 2016. Y habría que destacar a Martha Thorne, Secretaria Ejecutiva del Premio Pritzker, quien pese a que no es arquitecta lo disimula perfectamente, como dice José Ramón Moreno García (correo al autor), admirador de Mimar Sinan ibn Adülmennan, pero pese a que mimar es arquitecto en turco y mimari arquitectura no arquitectas, Moreno García también recuerda muchas iberoamericanas:

En México, Frida Escobedo, Tatiana Bilbao (nieta de un arquitecto republicano español exiliado) y Fernanda Canales. En Brasil, Carla Juaçaba, la paisajista Rosa Grena, y Ruth Verde. En Perú, además de Ruth Alvarado y Sandra Barclay, ya mencionadas en Arquitectas V, Alexia León y Claudia Uccelli. En Cuba, vinculadas al urbanismo y al patrimonio, Gina Rey, Teresa Padrón o Isabel Rigol. En Chile, Cecilia Puga, Cazú Zegers o Sonia Tschorne que fue Ministra de Vivienda con Ricardo Lagos, o Joan Mac Donald la mayor experta latinoamericana en tugurios y Viceministra con Alberto Etchegaray. En Ecuador, María Augusta Hermida y Dora Arízaga, gestora del Centro Histórico hace años. En Honduras, Ángela Stassano que pasó de Premio Nacional de Arquitectura a misionera de la sostenibilidad.

Y en Portugal hay un montón de magníficas arquitectas, entre ellas Inés Lobo y Paula Santos, recuerda Moreno García. En Iberoamérica hay que agregar, por ahora, a Patricia Losa, Maya Ballén, Mariana Leguía, Michelle Llona, Claudia Amico, Marta Morelli, Elizabeth Añaños, reseñadas en 10 Arquitectas Peruanas: El rol de las arquitectas en el Perú, 17/08/2016. En Venezuela están Anabelle Selldorf, Odile Decq, Farshid Mousavi, Marianne McKenna o Kathryn Gustafson. En Argentina, además de Marina Waisman, Carmen Córdova, Itala Fulvia Villa, Delfina Gálvez, Odilia Suárez y Martha Levisman. En Uruguay Julia Guarino, graduada en 1923, y la primera en Sur América. En Bolivia Anita del Cisne Delgado y su artículo La mujer y la arquitectura, 15/03/2011.

En Colombia hay muchas dedicadas a la enseñanza, en donde han desempeñado desde jefaturas de departamento, dirección de programas o escuelas, decanaturas o vicerrectorías, o liderado importantes investigaciones. Es evidente que el campo de la construcción está dominado por los hombres mientras en áreas de investigación y análisis priman las mujeres (Nicolás Valencia, Arch Daily 22/10/2014). Y al respecto pregunta Anatxu Zabalbeascoa: “¿Merecen las mujeres arquitectas un premio aparte? ¿Es necesario segregar la profesión por géneros como en las competiciones deportivas?” (Mujeres arquitectas 2, El País, Madrid 12/03/ 2014).

Columna publicada en el diario El País.  22.09.2016

07.09.2016 Arquitectas V

¿Dónde están las arquitectas cuando se divulga un concurso o un premio? pregunta Willy Drews, ex Decano en la Universidad de los Andes y reconocido arquitecto, aclarando que “la arquitectura no es el único campo donde la poca presencia del sexo femenino en los podios se ha hecho frecuente a lo largo de la historia. De 450 premios Nobel adjudicados entre 1901 y 2006, solo 12 fueron recibidos por mano de mujer. Igualmente escasa ha sido la presencia de la mujer en la elite de las artes.” (Arcadia, Bogotá, 09/2012).

Además, como indica José Ortega y Gasset: “La arquitectura no es, no puede y no debe ser un arte exclusivamente personal. Es un arte colectivo. El verdadero arquitecto es el pueblo entero. Es él quien proporciona los medios para la construcción, quien indica su objetivo y quien la hace unitaria. / Los edificios son una inmensa expresiónsocial. El pueblo entero se dice en ellos”. (Obras completas, Tomo X (1949–1955)).

Más, como dice Drews, “desde tiempos inmemoriales se condenó a la mujer a dedicarse a las cuatro ‘C’: casa, catre, cocina y crianza”, y una manera de garantizar su sumisión fue negarle la educación. Pero ahora, que ya tiene acceso a la misma, esta es deficiente, pues como dice con razón Noam Chomsky “el aprendizaje verdadero […] tiene que ver con descubrir la verdad”, lo que lleva a un pensamiento crítico e independiente (La (des)educación, 2000, p. 29).

Qué importante que los que diseñan (la mayoría de los graduados en Colombia no lo hacen), casi todos hombres pese a que hoy en las escuelas de arquitectura del país más de la mitad son mujeres, supieran cómo ellas perciben el espacio urbano y arquitectónico, pues lo ven desde ángulos diferentes, ya que son generalmente más bajas, y comportan diferencias en su percepción espacial y sensibilidad a los colores (ver Arquitectas I; 14/07/2016).

Y está el libro de Mónica Sánchez Bernal, Vivienda y mujeres: herencias, autonomías, ambientes y alternativas espaciales, 2012, y el artículo de Ana María Pinzón, ¿Iguales o diferentes?: Breve balance de la situación de las mujeres en arquitectura, A57, 28/03/2011, pero poco se consideran sus evidentes desigualdades ergonómicas y proxémicas, en tanto usuarios de edificios y ciudades comunes. Una población además dividida por la geografía, en África, Europa, Asia Oriental, las Américas y Australia (Nicholas Wade, Una herencia incómoda, 2014, p. 103), donde climas, relieves, paisajes, tradiciones y usos presentan diferencias.

O será que algún aprendiz “mudo” y ocultando sus finas manos, como en El arquitecto del universo, 2014, de Elif Shafak, diseñó algunos de los numerosos edificios de Sinan, arquitecto principal de Süleyman I, el Magnífico, que por supuesto contó con muchos colaboradores y es factible que algunos fueran mujeres. ¿Acaso su esposa principal, Hürrem Sultan (Roxelana) muy célebre en las cortes europeas de la época por su influencia en el gobierno otomano?

Además de proyectistas como Ruth Alvarado y Sandra Barclay, en Perú, o que se dedican al paisajismo como Diana Wiesner o a la arquitectura de interiores como Marta Gallo, cada vez más las arquitectas se dedican a enseñar, como tantas en los programas de arquitectura de las universidades en Colombia, o como Ángela Siqueiros y Esther Enríquez en México, o Silvia de Schiller en Argentina, que también han enseñado aquí. O a estudiar como Melanie Jaraj Gheiman, con doctorado en Francia, son tantas que ameritan otra columna.

Columna publicada en el diario El País. 07.09.2016

24.08.2016 Arquitectas IV

Con frecuencia han sido esposas, compañeras o colaboradoras de grandes figuras, casi siempre a su sombra. La que sí deja bajo la suya a sus imitadores es Zaha Hadid (Bagdad 1950-Miami 2016), figura de la ‘arquitectura espectáculo’, a la que sus elegantes dibujos, fructíferas relaciones y promoción en las revistas lanzaron a la fama y al Premio Pritzker en 2004 (ver Arquitectas I, II y III).

Anne Tyng (Jiangxi, China, 1920-2011 Greenbrae, CA, USA) teórica de la arquitectura, fue de las primeras en el Harvard Graduate School of Design donde estudió con Walter Gropius (Berlín 1883-1969 Cambridge, MA, USA), y trabajó para Louis Kahn (Kuressaare, Estonia, 1901-1974 New York), con quien tuvo una hija; ‘estratega de geometría’ la llamó Buckminster Fuller (Milton, MA, 1895-1983 Los Angeles). Y Ray Eames (Sacramento, CA, USA,1912–1988 Los Angeles) fue esposa de Charles Eames (Saint Louis 1907-1978 Los Angeles).

Kaija Siren (Kotka, Finlandia 1920-2001 Helsinki) fue esposa de Heikki Siren (Helsinki 1918-2013). Y Denise Scott Brown (Nkana, Zambia 1931- ) y Robert Venturi (Filadelfia 1925- ) merecieron el Pritzker de 1991 pero solo se lo dieron a él, pese a que ella ya había escrito Architecture: A Place for Women, en 1989. Y no lo aceptó en 2001 Lu Wenyu (Hangzhou 1966- ), esposa de Wang Shu (Urumchi 1963- ).

Benedetta Tagliabue (Milano 1963-), del Istituto Universitario di Architettura di Venezia, al finalizar su doctorado en Nueva York colabora con Enric Miralles (Barcelona 1955–2000 San Feliu de Codinas), y fue su pareja, imponiendo una mirada femenina a sus proyectos, como en la colorida y curva nueva cubierta del Mercado de Santa Caterina, 2005, en Barcelona. Carmen Portinho (Corumbá 1903-2001 Río de Janeiro), colaboradora de Affonso Eduardo Reidy (París 1909-1964 Río de Janeiro), fue la tercera ingeniera en Brasil, en 1926, y urbanista en 1939. Y en El Salvador está Ehrentraut Schott (¿?1924- ¿?) esposa de Karl Katstaller.

María Elvira Madriñán (Cali 1955- ), de la Universidad de los Andes y con gran interés en la botánica y el paisajismo, trabajó por casi treinta años con Rogelio Salmona (París 1929-2007 Bogotá) del que fue su segunda esposa y su socia, colaborando en sus más importantes proyectos, y terminando los que quedaron pendientes a su muerte. También trabajaron con él María Victoria Acosta, Liliana Bonilla y Diana Barco.

Alma Mahler (Viena 1879–1964 New York) no era arquitecta pero entre sus grandes amores (Gustav Klimt, Gustav Mahler, Oskar Kokoschka, Alban Berg, Franz Werfel…) está Gropius, con el que estuvo casada, y EIlse (Ise) Frank (Wiesbaden, Alemania 1897-1983 Lexinton USA), su siguiente mujer, tampoco lo era.

Dice Álvaro Mutis (Artes de México, N° 23 de 1994) hablando de Luis Barragán (Guadalajara 1902-1988 México) que “no es […] una mera coincidencia […] el impacto que hizo en el arquitecto la seráfica lección del Poverello”. Muy religioso, no se casó nunca más trabajó en sus muebles con la diseñadora Clara Porset (Matanzas 1895-1981 Ciudad de México) y fue amigo de la bailarina Rosa Rolando, la pintora Frida Kahlo y las actrices Dolores del Río y María Félix.

“Arenas blancas, montañas que abrazan y bellas mujeres doradas”, es como recuerda a Oscar Niemeyer (Río de Janeiro 1907-2012) Alain de Botton en The Architecture of Happiness, 2006, y basta para entenderlo con escuchar ‘La garota de Ipanema’ de Vinícius de Moraes y música de Antônio Carlos Jobim: ‘Olha que coisa mais linda, mais cheia de graça’.

Columna publicada en el diario El País. 24.08.2016.

11.08.2016 Arquitectas III

Sostiene María Novas (Bueu, España 1987) que “el camino hacia una sociología de la arquitectura es hoy más necesario que nunca. En ella, reparar el papel que juega el colectivo femenino, grupo que representa la mitad de la población mundial y que […] durante siglos ha estado al margen de la práctica y teoría arquitectónica, se convierte en un requisito básico. Los estudios de género en relación con la arquitectura […] representan formulas de análisis social, cultural y espacial, que no nos podemos permitir obviar por más tiempo si lo que pretendemos es avanzar hacia la consecución de una sociedad más justa”. (Arquitectura y género / una reflexión teórica, 2014).
Después de las pocas pioneras, todas extranjeras (Arquitectas 1 y 2, 14 y 28 /07/2016) el hecho es que en Colombia son cada vez mas. Como Ana Elvira Vélez (Medellín 1966) graduada en 1992 en la Architectural Association School of Architecture, en Londres. Nathalie Montoya, que con Diego López ganó el concurso para la renovación del Teatro Colon de Bogotá. Clemencia Escallón en el tema de la vivienda de interés social. O Emese Ujjasz de Murcia que estudió entre Argentina, Chile y Colombia.
Patricia Gómez (Medellín 1951) diseñó con Santiago Caicedo La Gavilana, 1979-1981, una bella casa de Medellín. Nora Olano dejó el Club Colombia en Cali, en donde Elly Burckhardt, Libia Yusti, Olga Cecilia O'Byrne (Cali 1948), todas de la Universidad del Valle, han tenido proyectos importantes, o Clementina Ramírez, pero en Italia, o Ana María Hoyos (Cali 1957) en Noruega, donde pertenece a la Sociedad Noruega de Arquitectos desde 1983 y con su propia oficina, creada en 2003, ya ha recibido varios premios. O Liliana Bonilla (Cali 1954) de la Universidad de los Andes, que trabajó con Rogelio Salmona y fue Directora de Planeación en Cali.
Katia González, Premio Nacional de Arquitectura por su restauración de la Aduana de Barranquilla. Eugenia de Cardozo, autora del auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional y primera en ganar el Premio Nacional de Arquitectura.
Luz Amorocho, la primera graduada, en 1948, en la Nacional, como Gilma Mosquera (Istmina 1940) investigadora y docente, o Patricia Torres Arzayus, o Cecilia Cifuentes Barney de Caro (Palmira 1924) primera presidente de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, como, después, Elly Burckhardt de Echeverry y Sara María Giraldo (Popayán 1959), ambas de la Universidad del Valle. Y Martha Cecilia Fajardo (Armenia 1959), fundadora de la Sociedad Colombiana de Arquitectos Paisajistas, como lo son Silvia Schiess (Bogotá 1943 ) y María del Pilar García Arizabaleta, de Univalle.
Y están las historiadoras como Silvia Arango (Bogotá 1948), de los Andes, autora de la primera historia de la arquitectura en Colombia, Premio Nacional de Arquitectura en 1992, y seguidora de Marina Waisman (Buenos Aires 1920–1997 Río Cuarto), Premio América, cuyo trabajo sobre la arquitectura en Latinoamérica fue pionero. O María Cecilia O’Byrne (Cali 1964) y su persistente trabajo sobre Le Corbusier.
Sin embargo, como concluye María Novas, “las relaciones transversales entre arquitectura y género son fundamento de desigualdad tanto en la producción y transmisión de la teoría de la arquitectura, como en la práctica espacial de la misma, así´ como en el ejercicio de la profesión”. Y María Eugenia Hurtado Azpeitia ya se había ocupado del tema (La Trayectoria de las Mujeres en la Arquitectura Contemporánea en México, 1998).

Columna publicada en el diario El País de Cali. 11.08.2016

27.07.2016 Arquitectas II



Luego de las primeras (Arquitectas-1/5, 14/07/2016) siguen Eileen Gray (Enniscorthy, Irlanda 1878 -1976 Paris), también diseñadora. Jane Drew (Thornton Heath, U.K. 1911-1996 Barnard Castle) quien colaboró con Le Corbusier en Chandigarh. Merrick Sklarek (Harlem, New York 1928-2012 Los Angeles) primera afroamericana con licencia en EE.UU. y en pertenecer al American Institute of Architects, AIA, y en 1985 fundó Sklarek, Siegel y Diamond, la firma más grande de mujeres en el país. Y al menos un tercio de las construcciones de la prolífica Julia Morgan fueron encargadas por organizaciones de mujeres, reflejo del nuevo papel que ya reivindicaban a principios del Siglo XX.

Carol Ross Barney (Chicago 1949- ) es una de las fundadoras del Chicago Women in Architecture, CWA, y se ha centrado en edificios públicos, y la primera en hacerlo pues para estos se privilegiaba a los hombres, y de su equipo de 25 en Ross Barney Architects el 50% son mujeres. Su trabajo se enfoca en entender el sitio desde la comunidad y el medio ambiente, con la participación de los usuarios porque: “Un buen diseño distingue a una sociedad democrática como un derecho, no como un privilegio. La arquitectura es un componente integral que debe garantizar tanto la calidad de los espacios para la vida y el trabajo saludable como los sistemas e infraestructura a escala urbana”.

Marianne McKenna (Montreal 1950-) es cofundadora de Kpmb Architects, reconocida oficina en Canadá y EE.UU. Gaetana (Gae) Aulenti (Udine 1927-2012 Milano) se licenció en 1954 en la Facultad de Arquitectura del Politécnico de Milano, y empieza en la revista Casabella dirigida por Ernesto Nathan Rogers (Trieste 1909-1969 Gardone Riviera), dejando huella en la arquitectura internacional, la escenografía y el diseño industrial. Kasuyo Sejima (Ibaraki 1956-) entra en 1981 a trabajar con Toyo Ito (Seúl 1941-), en 1987 funda su propio estudio, en 1995, en Tokio, Sejima+Nishizawa and Associates, Sanaa, y ha sido profesora en varias escuelas de arquitectura, y Premio Pritzker en 2010.

Achillina (Lina) Bo Bardi (Roma 1914-1992 Sâo Paulo) se graduó en 1939 en la Escuela de Arquitectura de La Sapienza en Roma y se trasladó a Milano, donde creó su estudio en 1942; destruido durante la guerra, pasó en 1943 a ser directora de Domus. En 1946, ya casada con el periodista Pietro Maria Bardi, se traslada a Rio de Janeiro y se convirtió en ciudadana brasilera. En 1948 creó Studio d'Arte Palma para el diseño de muebles. En São Paulo, donde diseñaría su residencia, 1951, pieza clave del modernismo en Brasil, y el Museu de Arte Moderna, MASP, 1957-1962, su obra mas reconocida mundialmente.

Carme Pinós (Barcelona 1964-) se licenció en Arquitectura en la Escuela Técnica Superior de Barcelona, en 1979, y desde 1982 hasta 1991 compartió estudio con Enric Miralles (Barcelona 1955-2000 San Felíu de Codinas). Una de sus mas conocidas obras es el Cementerio de Igualada, 1991, en Barcelona. En 1991 fundó su estudio compaginando la arquitectura con su docencia y difusión. Por su parte, María Luisa Dehesa Gómez Farías (Jalapa,1912-) escribe cuentos protagonizados por seres inanimados "porque los seres humanos son muy complejos" y es la primera mexicana titulada como arquitecto, en 1939, en la Academia de San Marcos de la Universidad Autónoma de México. La primera en Latinoamérica fue Julia Guarino (Éboli, Italia 1897-1985 Montevideo) en 1923 en Uruguay. Y está Alexia León Angell (Lima 1970-).

 Columna publicada en el diairo El País de Cali 27.07.2016

14.07.2016 Arquitectas I

Desde la Antigüedad algunas mujeres han ejercido un liderazgo político, cívico y religioso que coadyuvó a la transformación y enaltecimiento de sus ciudades, y cuyo reconocimiento, a través de honores y monumentos conmemorativos, las llevó a formar parte de la memoria urbana de cada una de ellas. Y ahora las hay promotoras de proyectos de arquitectura, participantes en seminarios internacionales sobre el tema, jurados de concursos.

Mas a diferencia de pintoras, escritoras, bailarinas y músicas, no se sabe mucho de su trabajo directamente en el complejo oficio de la arquitectura y la razón puede ser tan sencilla como que está muy vinculado a la construcción, una labor ardua, como la escultura, pero a la intemperie: un trabajo de hombres. También se sabe que estos en general se orientan mejor y cuentan con una superior percepción espacial con todos sus sentidos (cazadores al fin y al cabo) aunque las mujeres son más sensibles a los colores y por tanto a lo visual.

Las arquitectas sólo aparecen en el Siglo XX y son pocas, y en países en los que el capitalismo no es salvaje ni el socialismo un fracaso. Signe Hornborg (1862-1916) e Hilda Hongell (1867-1952) en Finlandia, o Grethe Schütte Lihotzky (Viena 1897- 2000) la primera en Austria. Anna Wagner Keichline (Bellefonte, PE, 1889–1943) y su “time-and motion-saving”. Johanna Erna Else Schröder (Utrecht 1918–1992 Amsterdam), hija de Frits Schröder y Truus Schröder-Schräder, una de las primeras en Holanda, quien diseñó su famosa casa con Gerrit Rietveld, se convirtió en una notable arquitecta y enseñó arquitectura de interiores en USA. Matilde Ucelay Maortúa (Madrid, 1912- 2008) la primera titulada en España, fue Premio Nacional de Arquitectura en 2006. Norma Sophia Hayden Bennett (Santiago de Chile 1868–1953 Winthrop, MA) la primera con un título del MIT, en 1890, mas no trabajó como tal.

Pero Julia Morgan (San Francisco 1872-1957) diseñó más de 700 edificios, tantos como Sinan ibn Adülmennan (Ägirnasc 1490 -1588 Istambul), el más destacado arquitecto otomano y el más prolifero de la historia, sobre el que Alif Shafak acaba de escribir: El arquitecto del universo, 2015, y que por supuesto contó con muchos colaboradores más no es probable que algunos fueran mujeres, aunque en dicha novela uno de sus aprendices si lo es pero ‘mudo’ y con guantes para ocultar sus finas manos.

Frank Lloyd Wright (Richland Center, WI, 1867-1959 Phoenix, AZ), que con 433 obras los sigue de cerca, si tuvo varias. Marion Mahony Griffin (Chicago 1871-1961), graduada en el MIT en 1894, fue la primera, influyendo en las ‘casas de la pradera’ y cuyas representaciones en acuarela pronto se convirtieron en sinónimo de la obra de Wright. En su taller conoció a Walter Burley Griffin (Maywood CA 1876-1937), con quien casó y colaboró en su diseño de Canberra, nueva capital de Australia, pero a su muerte no trabajó más en arquitectura.

Charlotte Perriand (París 1903-1999) tuvo una relación de más de diez años con Pierre Jeanneret (Ginebra 1896 -1967), arquitecto y diseñador, primo y estrecho colaborador de Le Corbusier, encargándose del «equipamiento de la habitación». Lilly Reich (Berlín 1885–1947) fue parte de la Deutscher Werkbund y trabajó para Ludwig Mies Van der Rohe (Aquisgrán 1886 – 1969 Chicago). Aino Maria Marsio-Aalto (Helsinki 1894-1949), una de las primeras en Finlandia y excelente dibujante, y Elsa Mäkiniemi (Elissa) Aalto (¿? 1922-1994 Helsinki), fueron mujeres de Alvar Aalto (Kuortane 1898–1976 Helsinki).


Columna publicada en el diario El País de Cali. 14.07.2016

26.04.2015 Peñalosa y Univalle

Con la muerte el pasado viernes del arquitecto Diego Peñalosa Camargo
se fue también parte de la historia del diseño de la Biblioteca Mario
Carvajal de la sede Meléndez de la Universidad del Valle. A esta se
había vinculado como profesor después de graduarse en la Universidad
Javeriana de Bogotá en 1959 con una interesante tésis en los Llanos
orientales.

Su testimonio sobre el proyecto de la sede de Meléndez quedó
registrado en dos documentales realizados por Andrés Erazo, uno de
ellos concretamente sobre “La Ciudad Universitaria del Valle”, a la
que en la Bienal Colombiana de Arquitectura de 1972 le fue dado el
Premio Nacional, y de cuyo Plan Maestro fue codirector con Jaime Cruz,
Decano de su Facultad de Arquitectura en ese entonces.

En el diseño de los edificios de este extenso campus universitario
participaron los mas importantes arquitectos del país de esos años, y
a partir de unos pocos acuerdos básicos, entre ellos una estricta
modulación y la prefabricación de los elementos comunes mas repetidos,
recomendadas por los asesores norteamericanos, lograron un conjunto
homogéneo e incorporar al conjunto su paisajismo con Harold Borrero,
ya muerto, y Lyda Caldas.

Como afirma Andrés Erazo, es uno de los proyectos colectivos mas
importantes de la historia de Cali, y de los mejores y últimos
ejemplos de su arquitectura moderna. Junto con el de la Universidad de
Antioquia, son los mas significativos conjuntos académicos del país
después de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, del
arquitecto alemán Leopoldo Rother quien igualmente diseñó su sede de
Palmira.
La Biblioteca, por su parte, es sin duda el mas interesante edificio
de Meléndez por la manera como responde al clima local y a su debida
imagen de “centro” de los saberes. Así fue reconocido por el
arquitecto mejicano Carlos Mijares, muerto recientemente, y el
venezolano Gorka Dorronsoro, cuando vinieron a Cali como jurados del
concurso para la nueva Facultad de Artes Integradas, a la que se
uniría la de Arquitectura, que había permanecido en la sede de San
Fernando de la Universidad.

La Biblioteca, frente al edificio de Administración, de Fernando
Martínez, conforma una “calle académica”, corazón del nuevo campus, a
cuyo costado está el de Ciencias, de Julián Guerrero y Jaime Camacho,
y al frente el de Artes Integradas, aun sin terminar, de Mauricio
Pinilla quien gano su muy concurrido concurso, en el que hubo incluso
propuestas del exterior.

En ella se realizan importantes actividades como la actual muestra de
dibujos de Rodrigo Tascón y Jaime Vélez, ya muertos, organizada por
Jaime Gutiérrez, todos tres profesores de la Universidad del Valle. Es
de esperar que esta acometa la realización allí de una gran exposición
de todos los proyectos de sus sedes en San Fernando y Meléndez, antes
de que terminen por morir todos sus protagonistas.

Una vez finalizada la ciudad universitaria del Valle, y después de
trabajar por un tiempo en Bogotá, Peñalosa finalmente se radicó en
Cali en donde llevó a cabo la mayor parte de su trabajo profesional
con el arquitecto Pablo Enríquez en “Somos Arquitectura”. En la
Universidad de San Buenaventura estuvo muchos años como profesor,
combinando el oficio con su enseñanza, como se hacía antes, y allí
hace un año se le rindió un cálido y merecido homenaje con sus amigos
y colegas.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 23.04.2015
   

26.03.2015 Carlos Mijares

En Colombia quedó una intervención suya en la Catedral de Sal de
Zipaquirá (1995) y un Espacio Lúdico (1986) en Bogotá, invitado a
proyectarla por el arquitecto Carlos Campuzano, quien lo llevaba todos
los años al Taller Internacional de Cartagena de la Universidad de los
Andes. Igualmente en Itshmus, en Panamá, fue desde el principio, hace
ya tres lustros, uno de los colaboradores mas importantes y queridos
de su creador y director, el arquitecto Carlos Morales, quien publicó
sus trabajo en la colección SomoSur, en 1989, con textos de Rodolfo
Santa María y Sergio Palleroni.

Fue, con el arquitecto venezolano Gorka Dorronsoro, uno de los dos
jurados internacionales de la XIII Bienal Colombiana de Arquitectura,
en 1992, junto con Carlos Niño, Horacio Navarro y quien escribe, en la
que se le otorgó, el Premio a la Excelencia Arquitectónica al Archivo
General de la Nación de Rogelio Salmona. Premio creado a propósito,
espontáneamente y por unanimidad, como lo permitían la normas de la
Bienal en ese entonces, pues el edificio no estaba terminado y en
consecuencia no estaba inscrito pero cuya belleza e importancia para
nuestra arquitectura era mas que evidente.

También, asimismo con Dorronsoro, Mijares fue Jurado en Cali del
concurso para el nuevo edificio de la recién creada Facultad de Artes
integradas de la Universidad del Valle, coordinado por otro de los
miembros del jurado de la Bienal de marras quien los incluyó. Pero
paradójicamente la propuesta que posteriormente se supo que era de
Salmona, quien rara vez participaba en concursos, esta vez no logró la
atención de los miembros de dicho Jurado, todos ellos admiradores
convencidos de su obra.

Maestro en el uso del tabique, como llaman en México al ladrillo, que
usó repetidamente en complejas bóvedas y por supuesto a la vista,
Mijares dejó muchas y bellas construcciones en su país, enalteciendo
con ellas la triunfal historia milenaria del arco, junto con Hassan
Fathy en Egipto, Ricardo Porro en Cuba y Salmona, Herbert Baresch y
Rodrigo Uribe en Colombia, forma básica que los arquitectos modernos,
por oposición, y sobre todo sus imitadores, habían dejado de lado
condenándolo al olvido en lugar de reinterpretarlo.

Carlos Mijares Bracho, quien murió el jueves pasado en ciudad de
México, donde nació, estudió en la Escuela Nacional de Arquitectura
de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, donde fue
profesor, como en la Universidad Panamericana y en la Universidad de
Colima. Fue conferencista en diversas partes del mundo, escribió
varios libros, y recibió premios y reconocimientos, entre ellos el
Premio Luis Barragán a la excelencia profesional y la Medalla de
Bellas Artes, y hace poco mas de un año la Medalla de la UNAM y la del
Instituto Nacional de Bellas Artes, INBA.

Otro maestro que se va (recientemente fue Porro, antes Oscar Niemeyer,
años atrás Salmona y Barragán ya es historia) pero un cómplice
entrañable que queda en el recuerdo, pues les dejó a sus amigos y
alumnos en Colombia muchas enseñanzas y no apenas de arquitectura. Nos
quedó su hidalguía, su saber, su ejemplo, su sabio humor y su gusto
por la buena cocina sobre todo la “picosa”, la que descifraba con sólo
olerla: le habría gustado el reciente libro al respecto de Antonio
Caballero, que el autor de esta columna no supo hacerle llegar a
tiempo.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 26.03.2015

12.03.2015 Harold Borrero y el paisajísmo

La arquitectura del paisaje es el arte y la técnica de proyectar
espacios abiertos, tanto públicos como privados, e incluye igualmente
la restauración medioambiental y la planificación de parques, espacios
de recreo y jardines. Su importancia es cada vez mayor si se piensa en
ciudades y edificios sostenibles, especialmente en países tropicales
(sin estaciones) como Colombia, en donde puede contribuir mucho a
recobrar el carácter bioclimático de la arquitectura, siguiendo el
buen ejemplo de los patios, solares y vergeles de la edilicia
colonial.

Harold Borrero Urrutia, a quien en 2008, la Sociedad Colombiana de
Arquitectos otorgó el Premio "A Toda Una Vida", fue un arquitecto
dedicado al paisajismo, y un maestro muy recordado por sus alumnos.
Arquitecto de la Universidad Nacional y Magister de Arquitectura de la
Universidad de Pennsylvania, fue decano de la Facultad de Arquitectura
de la Universidad del Valle, y asesoró el proyecto de su sede de
Meléndez, donde diseñó espacios deportivos al aire libre. Igualmente
aconsejó al municipio de Cali en sus intervenciones en el espacio
público.

Fue durante mucho tiempo profesor de diseño y tecnología de la
construcción en la Facultad de Arquitectura de la Universidad del
Valle, y después fundó, junto con su esposa, la arquitecto paisajista
Lyda Caldas, la especialización en paisajismo de su actual Escuela de
Arquitectura, de la Facultad de Artes Integradas. Y con los primeros
egresados de ese nuevo plan de estudios fundó la Sociedad de
Arquitectos Paisajistas del Suroccidente, SAPSO, donde participó en
sus diferentes actividades hasta su muerte el martes de la semana
pasada.

Entre sus trabajos de arquitectura hay que destacar su proyecto para
el Banco Central Hipotecario en El Lido, al sur de Cali, que, ya con
cerca de medio siglo, continúa siendo sin duda, pese a los atropellos
que ha sufrido, una de las mejores agrupaciones de vivienda en el país
por su rica vegetación y ser un pulmón de la ciudad, como por el
acertado diseño de sus casas. Y su polígono de tiro para los VI Juegos
Panamericanos, con Álvaro Bejarano, realizado en guadua y con cubierta
de palma, lamentablemente poco conocido, fue una interesante propuesta
en varios sentidos.

Afortunadamente para Cali la preocupación por la vegetación y el
paisaje en esta ciudad tan maltratada por la mala arquitectura –esa
que ignora su relieve, vegetación, clima y paisaje- la mantendrán viva
–verde y en espera de que florezca- los arquitectos paisajistas
formados por Harold Borrero y Lyda Caldas, cuyo libro "La Flora
ornamental Tropical y el Espacio Urbano" editado en Cali por el Banco
Popular en l979, es un clásico del arte y la técnica de la
arquitectura del paisaje en Colombia, re editado en 2004 con el titulo
de “Flora en el espacio público”.

Todo un trabajo precursor, que hay que recordar y divulgar ahora que
Colombia podría liderar un plan global para proteger la Amazonía a
gran escala, un proyecto verde que realmente aseguraría nuestro
futuro, y ya se ha comprometido a reducir a cero la deforestación de
esa reserva ambiental, la más grande del mundo, para 2020,
anticipándose a la próxima cumbre climática de la ONU en París este
año, cuyo objetivo es lograr un acuerdo que propicie una acción fuerte
contra las emisiones de gases de efecto invernadero.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 12.03.2015
   

02.10.2014 Crece la lista

En la columna pasada (Rafael Moneo, 25/09/2014) se había escrito algo
como "con premio Pritzker y bueno" y cuando se elimino el "bueno" que
parecía como duro no se puso "y pertinente aquí" que era en lo que se
estaba pensando. Descuido que resultó muy productivo.

Francisco Ramírez de la Universidad del Valle, recordó que con
Pritzker ya estuvieron Eduardo Soto de Moura (en Bogotá y Cali), por
quien también reclamó María Claudia Villegas de la Javeriana, y
Richard Meier (en Bogotá), ambos el año pasado, y antes de ganarlo
Peter Eisenman y Aldo Rossi (en Bogotá), Alvaro Siza (en Bogotá y
Medellín) y Paulo Mendes da Rocha (en Medellín).

Y Alberto Miani, Decano de los Andes, menciona, que además de los dos
Pritzker citados por Ramírez, han invitado a Paola Antonelli del MoMa,
al director de Arquitectura de MIT, Nader Tehrani, al director de la
oficina de OMA en Nueva York, Soshei Shigematsu, a Charles Renfro
autor del High Line de Nueva York, a un representante de la oficina de
Cucinella (colaborador de Renzo Piano) y a Gonzalo da Graça de
Portugal.

Además, mucho antes, Carlos Morales, cuando fue decano en los Andes,
llevó a sus foros internacionales, precisamente a Alvaro Siza Vieira y
Aldo Rossi junto con muchos arquitectos importantes, entre los que él
destaca a Andrew Macmillan, que fue decano más de 20 años de la
escuela de arte Mackintosh en Glasgow, quien acaba de morir.

Y hay que completar la lista con los muchos importantes arquitectos
que Carlos Campuzano ha llevado al Taller Internacional de Cartagena,
de los Andes, en los últimos 15 años, entre ellos el incisivo Elio
Piñón, y al que invito para el año entrante a Rafael Moneo y a su hija
Belén, también arquitecto.

Ojala vayan pues como se decía en la columna mencionada, se trata de
una de las pocas “estrellas” actuales a las que no aplica lo dicho por
August Perret: “El que no sabe construir adorna", y al que recuerdan
bien sus estudiantes en Harvard como Francisco Javier Rodríguez, por
lo que, como dice Ricardo Daza, era importante registrar su paso por
Colombia y Cartagena.

Pero nadie menciona a Luis Barragan, Oscar Niemeyer o Glenn Murcutt,
todos con Pritzker, que hubiera sido interesante tener aquí, lo mismo
que a Fernando Tavora o Sir Geoffrey Bawa, que sí que lo merecían. O a
Juvenal Baraco, Carlos Mijares, Severiano Porto, Roberto Burle Marx,
Jesus Tenreiro, Gorka Dorronsoro o Bruno Stagno, destacados
arquitectos de los países vecinos que estuvieron en Colombia, igual
que Gustavo Medeiros, quien en 1965 ya había usado techos de teja de
barro sobre una planta libre en la Universidad de Oruro.

Igualmente a Ariel Espino, cuyo articulo La modernidad ante el
trópico. Calor, Lluvia y Arquitectura en América, La Prensa, Panamá
26/01/1995, es justamente el punto, pues la pertinencia de la obra de
los arquitectos invitados a estos países es lo que debería interesar,
mas que los premios.

Lo entendió Andrés Hoyos, que quería un Pritzker para el Festival
Malpensante, del 24 al 29 de Junio de 2015 en Bogotá, cuando acogió la
propuesta de Carlos Morales de que en cambio sea Carlos Jiménez, a
quien también él trajo a los Andes, pues fue jurado del Pritzker entre
2001 y 2011 y conoce las intimidades de un galardón otorgado además a
varios arquitectos que solo adornan y que aquí algunos aun adoran.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 02.10.2014
   

25.09.2014 Rafael Moneo

Es el primer arquitecto con premio Pristker que visita el país pues
cuando Carlos Morales, en ese entonces decano de arquitectura en la
Universidad de los Andes, trajo a Alvaro Siza Vieira, aun no se lo
habían dado. Pero lo importante es que se trata de uno de los pocos
arquitectos actuales que recuerda lo dicho por August Perret
(1874-1954) el celebre arquitecto francés: “El hormigón es la piedra
que fabricamos. La arquitectura es el arte de organizar el espacio. La
construcción es la lengua materna del arquitecto; un arquitecto es un
poeta que piensa y habla en el idioma de la construcción. El que no
sabe construir adorna".

El caso es que con Moneo –ni con su padre- cabe la advertencia de
Marcus Valerius Martialis (40-104): “Si tu hijo te parece duro de
mollera, te aconsejo que estudie arquitectura”, recordada por Bruno
Zevi en “Architetura in nuce”, 1964 (p. 214) que Moneo tradujo en 1969
a su regreso de Roma, y con el que algunos supieron de él en Colombia
antes de que su Museo de Arte Romano (1985) en Mérida se convirtiera
en una de sus primeras obras de reconocimiento internacional. Pero ya
antes en su casa Gómez-Acebo (1968) había iniciado la relación de lo
tradicional (su cubierta a cuatro aguas de teja de barro) con lo
moderno (su planta).

Por la misma época en que aquí algunos estaban empeñados en ello,
principiando por Rogelio Salmona, en la casa Amaral (1969) por
ejemplo, quien casualmente fue uno de los jurados que otorgó a Moneo
el premio del concurso para la ampliación del Museo del Prado (1999)
en Madrid, donde también están el Edificio Bankinter (1977) en
ladrillo visto, el Edificio de Viviendas en el Paseo de La Habana
(1977) cuya cierta coincidencia con las Torres del Parque de Salmona
(1970) es notoria, como la de los dos proyectos con la obra de Alvar
Aalto y, finalmente, la Nueva Estación de Atocha (1988). Para no
hablar ahora de sus muchas obras en otras partes.

Lamentablemente cuando Jorge Pérez, decano de arquitectura en la
Bolivariana, lo invito a Medellín hace años, Moneo no pudo venir por
sus compromisos, pero ahora su presencia en la XXIV Bienal de
Arquitectura Colombiana es una de las razones para ir a Bucaramanga,
el 26 y 27 de este mes, como lo es la de Germán Téllez, quien siempre
tiene mucho que decir, y quien le hizo adquirir el libro de Zevi a sus
estudiantes, curiosamente hoy desconocido por muchos e imposible de
conseguir.

Comentaba Moneo en su visita a Cartagena hace un par de días que en
lotes pequeños es difícil equivocarse, lo que remata lo dicho por él
en una entrevista hace 10 años: “[…] una respuesta personal a
situaciones, lugares y programas muy diversos. Saber […] que puede
hacer un arquitecto […] para no caer ni en los excesos ni en los
errores a que llevan [a] una mala interpretación de los encargos”
(“Rafael Moneo 1967 2004”, 2004, p. 13). Es decir, evitar el peligro
de los que adornan como si supieran construir, como lo hubiera dicho
Perret. Sólo queda esperar el tinto de La Mejorada su viñedo personal.

Columna publicada en el diario El País de Cali, 25.09.2014
 

07.05.2014 Tascón

Aquí cada vez hay más arquitectos pero menos maestros del oficio. Él dejó importantes edificios y casas en Cali y Bucaramanga, y también en Cuba, a donde se fue, sin terminar sus estudios, a trabajar por la revolución como muchos jóvenes de todo el mundo, más ilusionados que ilusos, y hasta cortó caña y empuño un fusil. Entre sus obras hay que mencionar El Azafrán, en el barrio El Peñón, un pequeño edificio y un gran ejemplo, donde vivió hasta hace un tiempo, y cuyo conocimiento debería ser ineludible para los estudiantes de arquitectura de Cali, pues en las revistas, de las que ahora toman los modelos de moda, solo muestran edificios sin el contexto de las ciudades en que están.
En la Universidad del Valle, que le otorgó su título a su regreso, homologándolo con sus proyectos allá y aquí, educó hasta el final. Un maestro que nos inspiró a colegas y amigos, que son muchos y desde hace mucho tiempo, y también tuvo perros lo que suele hablar bien de los que los tienen. Pero no sólo enseñó arquitectura sino ética profesional, y cosas de la buena vida como fumar habanos mejor que tabacos y disfrutar un whisky, sin hielo ni mucho menos agua, al atardecer después de terminar cada jornada de trabajo en algún concurso de arquitectura, en los que era más lo que se aprendía que lo que se concursaba.
Sin embargo ganó varios, como el Instituto Colombiano del Petróleo en Piedecuesta, cerca a Bucaramanga, o el Icetex en Cali, con Jaime Gutiérrez. Y fueron muchos los proyectos teóricos de vivienda colectiva que hizo por el gusto de hacerlo y para enseñar mejor, usando con propiedad las palabras de la arquitectura, un vocabulario extenso, rico, preciso, propio y bello, pues como reza la sentencia de Eugenio d’Ors en la Puerta de Velázquez del Museo del Prado en Madrid “lo que no es tradición es plagio”. Y supo entender y usar nuestra rica tradición urbana y arquitectónica, como nuestros climas, topografías y paisajes de valles y montañas.
Lector de novelas y sobre arquitectura, conversador, melómano de música culta y salsa, que bailaba con destreza en los añorables bailaderos de hace años, o al menos eso recordamos, amante de la buena comida, y viajero por Colombia y hasta el Ecuador fue en busca de esmeraldas y encontró su larga playa, y más arena en la Guajira y fue una pena no ir. También anduvo por Europa con Juan Carlos Ponce de León, que afortunadamente manejaba. Y visitar la Habana con él, Rafael Sierra y Lucho Espinoza fue revelador: nos recibió un Ministro y nos regañó una guía turística porque se fueron con él y no sabía que habían trabajado juntos cuando solo eran jóvenes arquitectos.

Y cómo recordarlo sin su familia: sus hermanas y hermanos; su mujer, Mariela Recio; sus hijos, Felipe y Ximena, a la que le dio, claro, por estudiar arquitectura y cuidó con dedicación su final; sus nueras y yernos, que los tuvo varios; y sus bellos nietos como diseñados por él. Y sus amigos, que reunía cada martes después de La Comida del Tabaco, y que se seguirá haciendo en su memoria aún cuando ya no dejen fumarlos en casi ninguna parte. Pero al final, Rodrigo Tascón Barberena sólo quería morir de una vez. Bastante había vivido; y bien. Al fin y al cabo, el ser humano, en un esfuerzo por conquistar la eternidad y asegurar un lugar en el cosmos, da inicio a la arquitectura, la que fue su vida.
Columna publicada en el diario El País de Cali. 07.05.2014

07.11.2013 Imágenes

Desde sus inicios como artista Oscar Muñoz estuvo muy interesado en dibujar el espacio habitado característico de las ciudades del sur occidente del país de principios de la segunda mitad del siglo XX. Ya tan transformadas —más por su insensata demolición que por hacerle espacio a las necesarias nuevas construcciones— que lo único que queda de esos tiempos son los dibujos, fotografías, películas, crónicas y novelas que nos permiten recordarlas. De ahí la importancia de los pocos dibujos en su exposición, que paradójicamente se hizo primero en Bogotá , en 2011, y apenas ahora en La Tertulia, que si hubieran sido mas, en lugar de tantas Protografías que ya no impactan como la primera vez, debería ser vista no apenas como una exposición de arte sino de ciudad.
            
Muñoz muestra en sus dibujos a la vez el pasado y el presente de una época crucial de Cali, cuando “la sucursal del cielo” de mediados del siglo XX daba paso a punta de piqueta demoledora a la “capital deportiva de América” de los  VI Juegos Panamericanos de 1971, con los que de nuevo se partió en dos su historia urbana. Ya había sucedido antes cuando en 1910 la pequeña ciudad de entonces fue escogida finalmente como la capital del nuevo Departamento del Valle del Cauca, ya con dos años de existencia, y se levantaron sus nuevos edificios moderno historicistas. Como el Palacio de San Francisco (la nueva gobernación), el Hotel Alférez Real o el Cuartel del Batallón Pichincha, demolidos después sin ninguna necesidad de hacerlo, aparte de la pulsión  “de cambiarle la cara” con la disculpa de su supuesto desarrollo o modernización.
            
Los dibujos de Muñoz, como los de Ever Astudillo, y las fotografías de Fernell Franco, en las que se basan muchos de aquellos, no solo muestran los espacios populares de habitación de nuestras ciudades, con sus características atmósferas que casi huelen y suenan. Por ser en blanco y negro evidencian sobre todo la importancia de las luces, sombras y penumbras en el proceso de transformación de espacios puramente geométricos en ambientes vividos con emociones estéticas. Lo que viene siendo el resultado último de la arquitectura y lo que la diferencia de la simple construcción. De ahí que esta parte de la exposición sea sobre todo del interés de los profesores y estudiantes de arquitectura, para aprender el manejo de la luz en la proyectación de edificios, pues para aprender a hacerlo primero hay que experimentarlo.

            
En la  arquitectura vernácula esta experiencia es un resultado mientras que en la culta todo un propósito que hay que aprender. En la popular, la del interés de Muñoz y Franco, es de cierta manera una combinación de temas propios, supervivientes de anteriores tradiciones, pero sobre todo otros imitados de la arquitectura culta o escuetamente profesional, consciente o inconscientemente, en su mayoría foráneos y sin la debida adaptación a nuestras circunstancias de clima, paisaje y tradiciones. El estudio de esta transculturación, una constante en nuestra práctica arquitectónica y urbana, debería ser de interés en nuestras escuelas de arquitectura pues es en esos espacios híbridos en los que habita hoy la mayoría de los colombianos. Su historia, que solo podemos ver en imágenes, es indispensable para entender un presente que no vemos; que no queremos ver.

Columna publicada en el diario El País de Cali 07.11.2013 

31.10.2013 Jaime Vélez, arquitecto

Poco después de graduarse Jaime Vélez integró con varios de sus compañeros de estudios, un recordado y reconocido grupo de profesores de taller en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de lo Andes de Bogotá, en la década de 1960. No es que le gustara enseñar pues prefería sentarse en las oficinas de la facultad a ver revistas, de arquitectura, claro.
            
Pero cuando la presencia de sus estudiantes mirándolo al otro lado del vidrio lo hacia salir y sentarse en una mesa, solía desenroscar la tapa de su enorme y negro y envidiado estilógrafo Sheaffer de tinta negra (o que debería haber sido negra), y comenzaba a dibujar al revés, para que sus alumnos vieran el dibujo al derecho, un complejo corte por fachada, por ejemplo.
            
Lo hacia desde la parte mas alta de una edificación aparentemente hipotética, bajando como una gota de agua por toda la fachada y diciendo en cada parte lo que sucedía con el agua,  el polvo y el viento. Todos quedaban asombrados y algunos pocos comenzaban a entender que la arquitectura también es eso: el detalle pertinente, cuya belleza surge de su eficiencia, sencillez y economía y no de una supuesta “creatividad”.
            
Por algo decía Auguste Perret  (1874 - 1954), el famoso arquitecto Frances, que “el que no construye, adorna”, y el caso es que todos los profesores de taller de las pocas escuelas de arquitectura que había y necesitaba el país, lo eran precisamente porque practicaban el oficio. Y como dice el profesor  Francisco Ramírez de la Universidad del Valle, quien trabajo para él, las obras del Chato Vélez eran "ejemplares".
            
Sus bellas perspectivas eran famosas y ayudaban a ganar concursos por la precisión y verdad de lo que mostraban. Como dice Ramírez, no eran apenas una ilustración del proyecto, sino un instrumento proyectual que permitía soluciones espaciales inéditas. Pero no eran por supuesto caprichosas sino innovadoras y apropiadas, y su dibujo un medio y no un propósito en si, como les pasa a tantos arquitectos con sus “buenos” dibujos.
            
Jaime Vélez, fue autor o coautor de importantes edificios en Bogotá, Medellín y Cali trabajando con reconocidas oficinas de arquitectura, como Esguerra, Saenz y Samper, y Lago y Saenz. Varios de ellos ganados en concursos, los que eran práctica común para los grandes edificios del país, tanto públicos como privados, desplazada a mala hora para las ciudades por la escogencia a dedo, pese a ser ilegal tratándose de obras públicas.
            
En Cali  codiseñó con Rogelio Salmona, Pedro Mejía y Raúl H. Ortiz, la antigua sede de la FES, premio Nacional de Arquitectura en la XII Bienal Colombiana de Arquitectura, en 1990, hoy Centro Cultural de Cali. También dejó no pocas muy buenas casas, incluyendo la suya, muy bella, en Menga, al norte de la ciudad y cerca de unas canchas de tenis, pues jugarlo le apasionaba tanto como dibujar la arquitectura.

            
A su discreto funeral en los Jardines del Palmar, en Palmira, como no, ciudad ha donde se había retirado, lo acompañaron varios de los arquitectos que habían trabajado con él en Cali, y uno de sus alumnos de los Andes. Porque un buen profesor es el que enseña algo que después de tantos años se recuerda todos los días, y que se lo trata de descubrir a su vez a otros estudiantes con la esperanza de que alguno lo recuerde también.

Columna publicada en el diario El País de Cali 31.10.2013 

16.12.2012 Niemeyer

Niemeyer, de origen alemán, muy brasileramente se llamaba Oscar Ribeiro de Almeida Niemeyer Soares Filho. Nació en Rio de Janeiro donde murió faltando nueve días para los 105 años. Para él la arquitectura era “una cuestión de sueños y fantasías, de curvas generosas y de espacios amplios y abiertos,” y su preocupación fue siempre “hacer una cosa diferente que provoque sorpresa.”

Como dice Armando Buchard, profesor de la Universidad de San Buenaventura de Cali, “ supo ver que la técnica no es cuestión sólo de soporte y de un saber hacer, sino producción creativa, poiesis. Nos mostró la esencia plástica del concreto como nadie”.

Poesía posible gracias al ingeniero y poeta Joaquim Cardozo (1897-1978), como lo son las muy femeninascolumnas modernas del Palácio da Alvorada en Brasilia, que, como una bailarina clásica, llegan "en puntas" al suelo como si no lo tocaran, o el recorrido centrípeto por la osada rampa del Museu de Arte Contemporânea de Niterói, que pone el bellísimo paisaje de la Bahía de Guanabara a los pies del que la recorre haciéndole olvidar su imagen de platillo volador que tontamente publican las revistas.

En Rio, como anota el arquitecto panameño Ariel Espino (La modernidad ante el trópico. Calor, Lluvia y Arquitectura en América, 26/01/1995), los cubos blancos de la arquitectura moderna fueron pronto rodeados de quiebrasoles, inventados por Le Corbusier para el Ministerio de Educación y Salud (1937-1946, junto con Lúcio Costa, quien introdujo la arquitectura moderna en Brasil, Alfonso Reidy y el arquitecto paisajista Roberto Burle Marx. Edificio paradigmático al que Niemeyer, bajo la supervisión de Costa, le hizo cambios significativos, y con su propia visión, dice Nicolai Ouroussoff (The New York Times, 05/ 12/2012), doblo la altura de las columnas libres del piso bajo dándole al edificio un perfil mas esbelto, y puso el auditorio, que Le Corbusier había propuesto como un bloque separado, debajo del bloque de oficinas creando una composición urbana mas compacta. Con esta icónica obra Brasil emerge como un vibrante centro de experimentación en arquitectura, recuerda Ouroussoff, que la mas importante revista de la época, L'Architecture d'Aujourd'hui, se encargó de llevar a todas partes.

Ya en Brasilia, Niemeyer extendió las cubiertas planas mas allá de las fachadas, solución adoptada en Cali a mediados del siglo XX, pese a sus recurrentes goteras, y pertinente para nuestro clima y paisaje, que lamentablemente han olvidados los que siguen y premian las penúltimas modas del mundo.

Aquí, como en Panamá, Cartagena, Barranquilla, Caracas, Guayaquil o Manaos, y muchas otras ciudades nuestras, si que es cierto eso de que la arquitectura es el juego sabio, correcto y magnifico de los volúmenes, pero no bajo la luz, como lo dijo bellamente Le Corbusier, si no bajo la sombra, como propone acertadamente Espino.

Además ni siquiera la Plaza de los tres poderes de Brasilia, por ser diseñada por Niemeyer deja de ser una plaza americana. Brasília, como antes Ajetatón, hoy Tell el-Amarna, la ciudad a la que Akenatón traslado la capital de Egipto en el siglo XIV a. C., o Machu Picchu construida a mediados del Siglo XV para la residencia de descanso de Pachacútec, primer emperador inca, o la San Petersburgo de Pedro el Grande, y la Washington que acordaron Thomas Jefferson, James Madison y Alexander Hamilton, ambas del siglo XVIII, es una ciudad planificada. Como lo fueron las cerca de trecientas ciudades que los españoles fundaron a inicios del siglo XVI en el Nuevo Mundo.

A lo largo de su Eje Monumental están los muy conocidos edificios de Niemeyer como el Teatro Nacional, la Catedral Metropolitana Nossa Senhora Aparecida, los dieciséis edificios para los Ministerios, algunos ampliados por él posteriormente; el Congreso Nacional, el Palácio do Planalto y el Supremo Tribunal Federal, que constituyen la Plaza de los tres poderes, y cerca el Palácio Itamaraty, donde funciona el Ministerio de Relaciones Exteriores; y, mas alejado, el Hotel Brasilia Palace, y en toda la punta de la península que se adentra en el lago, el Palácio da Alvorada, vivienda de los presidentes.

Además de estos edificios iniciales, hoy están en la Explanada de los Ministerios la Biblioteca Nacional y el MuseoNacional tambien de su autoria. Al otro extremo está el Palacio do Buruti, donde funciona hoy el Gobierno del Distrito Federal, del arquitecto Mauro Esteves, y el Tribunal de Contas, del arquitecto Cesar Barney. También están las primeras supercuadras de Niemeyer y suequipo de colaboradores, en el que trabajaban los dos arquitectos mencionados. Todos son logrados ejemplos de esa arquitectura producto de la adaptación en Brasil de la arquitectura de Le Corbusier, y que llevó a que Brasília fuera declarada por la UNESCO en 1987 Patrimonio Cultural de la Humanidad, siendo la única ciudad del siglo XX que harecibido este honor.

Pero Niemayer aclaraba que no quería cambiar la arquitectura: ”lo que quiero cambiar es esa sociedad de mierda” , dijo en una entrevista reciente, y a la pregunta de que qué pensaba de la vida, respondió: “Una mujer a tu lado y que Dios haga lo suyo”, y , de hecho, se volvió a casar hace cinco años. Por eso no es casualidad que Brasilia, levantada a partir de 1957, de Lucio Costa (la ciudad) y de Niemeyer y su equipo (sus principales edificios), esté en el Tercer Mundo junto con la mayoría de las ciudades modernas, como Chandigarh, en 1950, de Le Corbusier; Islamabad, en 1965, de Louis Khan; Abuja en Nigeria, y Dodoma en Tanzania, ambas de 1975, junto con Putrajaya, capital administrativa de Malasia, y Naypyidaw, la nueva capital de Birmania, hoy Myanmar, mas recientes. Ciudades en donde se pusieron en práctica masivamente el urbanismo y la arquitectura modernas como un atajo hacia la modernización de un país. Iniciativas "faraónicas" de importantes gobernantes, como Juscelino Kubitschek, que no solamente fue el gestor de Brasilia sino también de la modernización de Belo Horizonte, que pretendieron ciudades sin problemas asentadas en inmensas zonas verdes, propósitos que fueron arrollados cuando tuvieron éxito. Cuando no, como Camberra, capital de Australia, pese al bello y acertado plano de Walter Burleigh Griffin, colaborador de Wright, de 1913, no han pasado de ser curiosidades. De izquierda durante casi toda su vida, Niemeyer abandonó Brasil durante las dictaduras militares de los años 1960 y 70, y se le impidió trabajar en Estados Unidos durante buena parte de la guerra fría.

Es el último en morir de los arquitectos que sonríen; antes murieron Sir Geoffrey Bawa, en Sry Lanka, y Fernando Távora, en Portugal, y mucho antes José Antonio Coderch, quién nos advirtió que “no son genios lo que necesitamos ahora” (Domus, 11/ 1961), dejándonos un bello legado de ética y estética. Los deberíamos estudiar en lugar de engolosinarnos con la arquitectura dibujada de Zaha Hadid, pues con la escasísima construida de ella no queda mas que preguntarse para que sirven los premios Prizker como el que le dieron, político y oportunista, a diferencia de los anteriores a Glen Murcutt, Jorn Utzon, Alvaro Siza Viera y Niemeyer, uno de los primeros premiados con el que se considera el “Nobel” de la arquitectura (1988), y a quien le dieron muchos premios mas y es reconocido internacionalmente por haber hecho la primera arquitectura moderna con razgos nacionales como lo advirtió Spiro Kostof (Historia de la arquitectura, 1985 ). Sus curvas líricas y hedonistas, dice Ouroussoff, en el articulo mencionado, ayudaron a darle una forma distinta a una arquitectura nacional y una identidad moderna al Brasil, que rompen con su pasado colonial y barroco, y cuya influencia se extendió mas allá del país.

Hasta Cali, por ejemplo, en donde por esa época se construyó la mejor arquitectura domestica de Colombia, al tiempo que, debido a problemas en la Universidad del Valle, recuerda Jaime Aparicio, nuestro galardonadlo arquitecto y atleta, llevaron a que muchos arquitectos caleños terminaran o estudiaran en el exterior, como él mismo en Estados Unidos, y la mayoría en Brasil, como Carlos Silva, Tulio Isaza Borrero, Eduardo Umaña, Edgar Poso y los hermanos Ernesto y Roberto Patiño Barney. Y la Embajada de Colombia en Brasilia, la única del país diseñada a propósito, inaugurada en 1981, y que hoy se destaca en el sector de las embajadas de la ciudad, fue diseñada por el arquitecto caleño Cesar Barney Caldas, quien trabajo con Burle Marx, después de graduarse en Rio, diseñando jardines, antes de formar parte del equipo de Niemeyer responsable de los edificios públicos de la nueva capital, en donde aun sigue trabajando.

Muchos “regionalistas” iberoamericanos consideraron la arquitectura vernácula de sus lugares de trabajo, y concretamente su relación con sus características geográficas e históricas, y las incorporaron de diferentes maneras a su propia interpretación de lo moderno, alcanzando una autentica posmodernidad. Es el caso de Carlos Raúl Villanueva, Jesús Tenreiro o Gorka Dorronsoro en Venezuela, Álvaro Malo o Luis y Diego Oleas en Ecuador, Ricardo Porro en Cuba, Luis Barragán, Carlos Mijares y Francisco Serrano en México, Bruno Stagno en Costa Rica, Juvenal Baracco en Perú, Gustavo Medeiros en Bolivia, Severiano Porto o Luiz Paulo Conde en Brasil, y otros en Panamá, y el Caribe, y demás países Iberoamericanos a los que se a dedicado Ramón Gutiérrez (Arquitectura y urbanismo en Iberoamérica, 1992) en este lado del ancho océano y José Ramón Moreno en el otro con su mirada atenta a la arquitectura latinoamericana. Desde luego que fueron antecedidos por Alvar Aalto quien influyó directamente a algunos de ellos como Fernando Martínez en Bogotá o Eladio Muñoz en Cali. Y por supuesto a Rogelio Salmona quien recién regresado al país, después de trabajar casi 10 años con Le Corbusier, escribió un muy mencionado articulo sobre un proyecto de concurso de Martínez, que fue toda una declaración de principios que guiarían su acertada obra posterior.

Niemeyer, cuyo padre poseía un negocio de artes gráficas, y que estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Rio, en donde llamo la atención de su Decano, Lúcio Costa, está en la larga lista de los arquitectos que creyeron verdaderamente en el modernismo. De Le Corbusier y Mies van der Rohe a los que definieron la arquitectura de la post guerra a finales de 1940 y hasta entrado 1960, cuando Robert Venturi dejó en claro el fracaso de su vulgarización (Complejidad y contradicción en arquitectura, 1966).

Para muchos, como el arquitecto Willy Drews, dos veces Decano de Arquitectura de la Universidad de los Andes de Bogotá, con la muerte Niemeyer estamos enterrando el Movimiento Moderno en Arquitectura, y, como dice él, los arquitectos de su generación, y la siguiente, y aun mas jóvenes, como Sabina Cárdenas, Directora del Programa de Arquitectura de la Javeriana de Cali, nos sentimos huérfanos, pues su sensualidad capturo la imaginación de generaciones de arquitectos alrededor del mundo, dice Nicolai Ouroussoff.

La arquitecta Silvana Codina recuerda de Niemeyer, con quien compartió sueños para la ciudad de Rosario (Diario Clarín, 06/12/2012), repetía que "la vida es más importante que la arquitectura", y, haciendo honor a esa frase, le dijo en su última reunión: “saben que estuve internado en terapia intensiva muchos días y él (señalando a un muchacho) era mi enfermero y músico, entonces compusimos una canción, una canción que quería compartirles hoy, por eso lo invité, para que se las cante. La letra es mía.” La canción hablaba de un joven carioca que bajaba del morro a la playa, feliz y simple, con una remera a rayas..., terminada la canción, hablaron de arquitectura, en la que trabajó hasta el final con el convencimiento de que la forma no sigue la función, como estableció Louis Sullivan (1856 -1924), sino a la belleza. Y el hecho, dice Ouroussoff, es que una joven generación mira de nuevo su trabajo intrigada por la consistencia de su visión y su habilidad para lograr efectos voluptuosos a escala heroica, como se puede apreciar en sus últimos edificios en Brasilia. Pero otros no ya tan jóvenes apreciamos sobre todo su independencia…para ser consistente con un clima, un paisaje y unas tradiciones, pues la  arquitectura si que es importante para la vida, como lo demuestra Paul Godberger, (Why architecture matters, 2009). Niemeyer al parecer últimamente decía que "tener más de 100 años es una mierda", y sin duda tenia aun mucho que hacer.

Columna publicada en la revista Gaceta del diario El País de Cali. 16.12.2012