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26.04.2015 Peñalosa y Univalle

Con la muerte el pasado viernes del arquitecto Diego Peñalosa Camargo
se fue también parte de la historia del diseño de la Biblioteca Mario
Carvajal de la sede Meléndez de la Universidad del Valle. A esta se
había vinculado como profesor después de graduarse en la Universidad
Javeriana de Bogotá en 1959 con una interesante tésis en los Llanos
orientales.

Su testimonio sobre el proyecto de la sede de Meléndez quedó
registrado en dos documentales realizados por Andrés Erazo, uno de
ellos concretamente sobre “La Ciudad Universitaria del Valle”, a la
que en la Bienal Colombiana de Arquitectura de 1972 le fue dado el
Premio Nacional, y de cuyo Plan Maestro fue codirector con Jaime Cruz,
Decano de su Facultad de Arquitectura en ese entonces.

En el diseño de los edificios de este extenso campus universitario
participaron los mas importantes arquitectos del país de esos años, y
a partir de unos pocos acuerdos básicos, entre ellos una estricta
modulación y la prefabricación de los elementos comunes mas repetidos,
recomendadas por los asesores norteamericanos, lograron un conjunto
homogéneo e incorporar al conjunto su paisajismo con Harold Borrero,
ya muerto, y Lyda Caldas.

Como afirma Andrés Erazo, es uno de los proyectos colectivos mas
importantes de la historia de Cali, y de los mejores y últimos
ejemplos de su arquitectura moderna. Junto con el de la Universidad de
Antioquia, son los mas significativos conjuntos académicos del país
después de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, del
arquitecto alemán Leopoldo Rother quien igualmente diseñó su sede de
Palmira.
La Biblioteca, por su parte, es sin duda el mas interesante edificio
de Meléndez por la manera como responde al clima local y a su debida
imagen de “centro” de los saberes. Así fue reconocido por el
arquitecto mejicano Carlos Mijares, muerto recientemente, y el
venezolano Gorka Dorronsoro, cuando vinieron a Cali como jurados del
concurso para la nueva Facultad de Artes Integradas, a la que se
uniría la de Arquitectura, que había permanecido en la sede de San
Fernando de la Universidad.

La Biblioteca, frente al edificio de Administración, de Fernando
Martínez, conforma una “calle académica”, corazón del nuevo campus, a
cuyo costado está el de Ciencias, de Julián Guerrero y Jaime Camacho,
y al frente el de Artes Integradas, aun sin terminar, de Mauricio
Pinilla quien gano su muy concurrido concurso, en el que hubo incluso
propuestas del exterior.

En ella se realizan importantes actividades como la actual muestra de
dibujos de Rodrigo Tascón y Jaime Vélez, ya muertos, organizada por
Jaime Gutiérrez, todos tres profesores de la Universidad del Valle. Es
de esperar que esta acometa la realización allí de una gran exposición
de todos los proyectos de sus sedes en San Fernando y Meléndez, antes
de que terminen por morir todos sus protagonistas.

Una vez finalizada la ciudad universitaria del Valle, y después de
trabajar por un tiempo en Bogotá, Peñalosa finalmente se radicó en
Cali en donde llevó a cabo la mayor parte de su trabajo profesional
con el arquitecto Pablo Enríquez en “Somos Arquitectura”. En la
Universidad de San Buenaventura estuvo muchos años como profesor,
combinando el oficio con su enseñanza, como se hacía antes, y allí
hace un año se le rindió un cálido y merecido homenaje con sus amigos
y colegas.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 23.04.2015
   

17.05.2001 Elogio del patio

A Rogelio Salmona
  
Con la aparición de las ciudades, hace varios milenios en Asia, se cambió la eficacia de cilindros y conos para contener espacios habitables, agrupados en pequeñas aldeas, por paralelepípedos rectangulares que se acomodaban mejor dentro de sus densos recintos amurallados, formando sus manzanas y calles. Entonces se descubrieron esas plazas y patios maravillosos, regalos del cielo, al decir de los viejos chinos, y pequeños mundos que desde aquella remota época permiten ver el infinito y aislarse del infierno, que como se ha dicho y repetido y se sabe son los demás.

Hay patios en casi todas las culturas y épocas. Al Occidente pasaron a través de Egipto y Grecia, se consolidaron con los atrios romanos y tuvieron su esplendor en los claustros medievales. En Andalucía los moros, viniendo del desierto, los llenaron de agua y vegetación. Los Mayas habían ya abierto sus esquinas a más patios. En algunos conventos mexicanos los arcos finales avanzan hasta el muro de la galería y de donde se cruzan cuelgan los extremos de unos arcos, iguales a los intermedios, formando insólitas esquinas sin soporte, antecesoras coloniales de las postmodernas de la Casa de Huéspedes Ilustres en Cartagena. Pedro Machuca, en Granada, sorpresivamente construyó uno circular, forma que, sin la galería, logró nuevas y diferentes emociones en el Archivo General de la Nación en Bogotá.

Nuestra construcción tradicional, como muchas otras, es de claustros y patios; cerrados en ciudades y pueblos, y abiertos en haciendas y casas campesinas, en los que dos y hasta tres de sus lados son muros de tapias o bajos vallados de piedra e incluso simples cercas de guadua. Y lo mejor de la arquitectura actual también, sobre todo algunas casas memorables por sus patios y terrazas, en contra de lo que piensan los que creen que ser actual es cambiar lo tradicional por las imágenes de moda de las revistas. No entienden que casi siempre solo es posible y deseable la recreación de lo existente y que muy rara vez hay o se necesitan verdaderas innovaciones.

Mientras las leyes físicas que regulan la construcción de espacios en el pla­neta y las características biológicas del hombre, que determinan su uso y apreciación, no cambien, solo son viables las plantas central y a naves, tan estudiadas por Noel Cruz, que corresponden a las dos únicas maneras de generar sólidos en la geometría clásica; y por supuesto sus muchas variaciones y combinaciones, entre ellas, la más importante: los patios. Formados por naves independientes (como casi siempre en las haciendas) o por una sola que se acoda varias veces cerrando el perímetro (como en los claustros), en ade­lante sólo ha sido posible una verdadera creatividad como se ve en la innumerable y variada arquitectura de patios que existe.

Le Corbusier, en otra más de sus seductoras propuestas, pensó que con unidades verticales de vivienda era posible no solo aumentar la densidad y liberar áreas verdes sino cambiar los patios de los horizontales barrios tradicionales por balcones de doble altura de apartamentos que así, en lugar del firmamento, podrían mirar sencillamente, como en el campo, el mas mundano paisaje circundante. Idea que desarrolló Alvar Aalto retranqueandolos a lo largo de una curva que recorre la vista, y que aquí se concretó en los apartamentos del Polo y de manera espectacular pero única en las Torres del Parque, proyectos ambos en Bogotá.

Pero los especuladores inmobiliarios y la insensibilidad de sus compradores nos llenaron de sosos edificios que no forman calles ni dejan zonas verdes, y que se espían unos a otros sin cielos ni pequeños mundos ni paisajes; solo culatas e infiernos por todos lados de los que hay que aislarse cerrando balcones, si los hay, y poniendo cortinas para no ser vistos. Muchos en Cali cambiaron sus casas de frescos patios tropicales por mezquinos apartamentos, aduciendo problemas de mantenimiento y seguridad, que no solucionaron, pero perdiendo su intimidad y sin garantías de conservar unas vistas que pagaron caro. Eso si, con aire acondicionado y Tv para admirar las bellas y amables ciudades de manzanas, calles, plazas y patios del mundo.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 17.05.2001