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27.07.2016 Arquitectas II



Luego de las primeras (Arquitectas-1/5, 14/07/2016) siguen Eileen Gray (Enniscorthy, Irlanda 1878 -1976 Paris), también diseñadora. Jane Drew (Thornton Heath, U.K. 1911-1996 Barnard Castle) quien colaboró con Le Corbusier en Chandigarh. Merrick Sklarek (Harlem, New York 1928-2012 Los Angeles) primera afroamericana con licencia en EE.UU. y en pertenecer al American Institute of Architects, AIA, y en 1985 fundó Sklarek, Siegel y Diamond, la firma más grande de mujeres en el país. Y al menos un tercio de las construcciones de la prolífica Julia Morgan fueron encargadas por organizaciones de mujeres, reflejo del nuevo papel que ya reivindicaban a principios del Siglo XX.

Carol Ross Barney (Chicago 1949- ) es una de las fundadoras del Chicago Women in Architecture, CWA, y se ha centrado en edificios públicos, y la primera en hacerlo pues para estos se privilegiaba a los hombres, y de su equipo de 25 en Ross Barney Architects el 50% son mujeres. Su trabajo se enfoca en entender el sitio desde la comunidad y el medio ambiente, con la participación de los usuarios porque: “Un buen diseño distingue a una sociedad democrática como un derecho, no como un privilegio. La arquitectura es un componente integral que debe garantizar tanto la calidad de los espacios para la vida y el trabajo saludable como los sistemas e infraestructura a escala urbana”.

Marianne McKenna (Montreal 1950-) es cofundadora de Kpmb Architects, reconocida oficina en Canadá y EE.UU. Gaetana (Gae) Aulenti (Udine 1927-2012 Milano) se licenció en 1954 en la Facultad de Arquitectura del Politécnico de Milano, y empieza en la revista Casabella dirigida por Ernesto Nathan Rogers (Trieste 1909-1969 Gardone Riviera), dejando huella en la arquitectura internacional, la escenografía y el diseño industrial. Kasuyo Sejima (Ibaraki 1956-) entra en 1981 a trabajar con Toyo Ito (Seúl 1941-), en 1987 funda su propio estudio, en 1995, en Tokio, Sejima+Nishizawa and Associates, Sanaa, y ha sido profesora en varias escuelas de arquitectura, y Premio Pritzker en 2010.

Achillina (Lina) Bo Bardi (Roma 1914-1992 Sâo Paulo) se graduó en 1939 en la Escuela de Arquitectura de La Sapienza en Roma y se trasladó a Milano, donde creó su estudio en 1942; destruido durante la guerra, pasó en 1943 a ser directora de Domus. En 1946, ya casada con el periodista Pietro Maria Bardi, se traslada a Rio de Janeiro y se convirtió en ciudadana brasilera. En 1948 creó Studio d'Arte Palma para el diseño de muebles. En São Paulo, donde diseñaría su residencia, 1951, pieza clave del modernismo en Brasil, y el Museu de Arte Moderna, MASP, 1957-1962, su obra mas reconocida mundialmente.

Carme Pinós (Barcelona 1964-) se licenció en Arquitectura en la Escuela Técnica Superior de Barcelona, en 1979, y desde 1982 hasta 1991 compartió estudio con Enric Miralles (Barcelona 1955-2000 San Felíu de Codinas). Una de sus mas conocidas obras es el Cementerio de Igualada, 1991, en Barcelona. En 1991 fundó su estudio compaginando la arquitectura con su docencia y difusión. Por su parte, María Luisa Dehesa Gómez Farías (Jalapa,1912-) escribe cuentos protagonizados por seres inanimados "porque los seres humanos son muy complejos" y es la primera mexicana titulada como arquitecto, en 1939, en la Academia de San Marcos de la Universidad Autónoma de México. La primera en Latinoamérica fue Julia Guarino (Éboli, Italia 1897-1985 Montevideo) en 1923 en Uruguay. Y está Alexia León Angell (Lima 1970-).

 Columna publicada en el diairo El País de Cali 27.07.2016

26.11.2009 Salmona

El mayor problema del diseño de nuestras ciudades y edificios estriba en que en general los copiamos de países con historias, geografías y circunstancias muy diferentes y, para peor de males, con un atraso en el tiempo. Vivimos a la penúltima moda de otros, y lo que nos muestran nuestras revistas de decoración, que son las que compran y  hojean muchos de nuestros estudiantes y arquitectos, no parece de aquí, y entre menos lo parezca mejor les parece. Tenemos vergüenza de lo propio o, por lo contrario, lo folklorisamos hasta volverlo verdaderamente vergonzoso. Nuestra carencia de sindéresis es lamentable. Es como si fuéramos incapaces de juzgar natural y rectamente nuestras ciudades y arquitecturas. Además, no nos enteramos de que estamos en el trópico andino y no en el hemisferio norte.

Pero el caso es que en diversas partes del tercer mundo se han logrado estupendas arquitecturas propias con materiales locales y tecnologías posibles, que valorizan el patrimonio, consideran el clima, califican el paisaje y respetan sus ciudades. Y aquí también. Rogelio Salmona parte del empleo y enriquecimiento de los medios estéticos en un proceso de búsquedas, encuentros y síntesis, de lo local y lo universal, lo tradicional y lo actual, para un propósito social sin contradicción entre modernidad e identidad, universalismo y localismo. Sus recursos son prácticamente los contrarios a los que Le Corbusier utilizó para diferenciarse de la arquitectura premoderna, pero que desde luego suma a los mas pertinentes de la tradición moderna, inscribiéndose así en la pos modernidad.

En un mencionado artículo suyo (Semana, 1958), reconocido como todo un manifiesto de la arquitectura del lugar, anticipa casi todo su trabajo posterior, cuya divulgación es uno de los objetivos de la Fundación Rogelio Salmona, recientemente constituida. La primera síntesis son las plantas curvas de las Torres del Parque, en Bogotá y su preocupación por el paisaje andino y nuestras ciudades, la que nunca abandonará. Posteriormente, en la Casa de Huéspedes, los patios recuerdan La Alambra y redoblan a Cartagena, y, en el Archivo de la Nación, se juntan con las curvas, y todo lo anterior está en la biblioteca Virgilio Barco. Finalmente, el Centro Cultural del Fondo de Cultura Económica de México, en Bogotá, continúa otra una etapa, recién iniciada con dos casas y pendiente aun de la terminación póstuma de varios de sus proyectos.


El futuro de nuestra arquitectura dependerá de su sostenibilidad y respeto al contexto urbano y natural. De construcciones que en la gran mayoría de los casos no tienen por que ser notoriamente diferentes. De que su estética surja nuevamente de técnicas adecuadas y soluciones funcionales. Y que se considere nuestro patrimonio pensando en su pertinencia para saber qué conservar o agregar, recuperando para la arquitectura la conformación de nuestras ciudades, que es, precisamente, lo que diferencia la obra posmoderna de Salmona. En  últimas, de que nuestras ciudades tengan ciudadanos y no simples habitantes. Ya lo dijo hace cinco siglos Alberti:  “La grandeza de la arquitectura está unida a la de la ciudad, y la solidez de las instituciones se suele medir por la solidez de los muros que las cobijan”. 

Columna publicada en el diario El País de Cali 26.11.2009 

08.11.2007 Vida y obra… y enseñanza

Carlos Morales Hendry es uno de los arquitectos que mas han hecho en Colombia por la enseñanza de su profesión. Durante su larga decanatura en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de los Andes, en donde estudio también antropología, realizó varios foros internacionales a los que profesores, arquitectos y estudiantes acudían masivamente de todas partes del país para oír y conocer a muchos de los mas interesantes arquitectos del momento en el mundo, los que tambien participaban en los talleres de la facultad, a los que todos tenían acceso. Así mismo, instituyó en nuestro medio los intercambios de estudiantes con escuelas y despachos de arquitectura de diferentes partes de América y Europa, y la invitación permanente de profesores extranjeros y nacionales. Tambien inicio un taller internacional de vacaciones en Cartagena, que acaba de cumplir 21 años de interrumpido éxito. Y muy importante fue la edición, junto con Escala, de la colección SomoSur, que permitió que los arquitectos de Latinoamérica comenzaran a conocerse entre ellos.

De diversas maneras su decisiva influencia en la enseñanza de la arquitectura terminó contribuyendo a la mejora de parte de la arquitectura colombiana. Empeño que actualmente difunde aun mas en su Escuela de arquitectura y diseño de América Latina y el Caribe, Isthmus, la que reúne permanentemente en Panamá, desde hace ya seis años, arquitectos y profesores de Europa y toda América y, ocasionalmente, de otras partes del mundo. Lo que normalmente se hace poco a poco en las escuelas de arquitectura a lo largo de varios meses, allí se concentra en unas pocas semanas generando un intercambio intenso y muy fructífero que terminará haciéndose sentir en toda nuestra región. Todo lo anterior, mas su permanente participación como jurado y expositor en diversos eventos de arquitectura del continente, lo consolida como un gran divulgador de nuestra arquitectura. Y por supuesto la importancia de esto es considerable ante la globalización inminente del ejercicio de la profesión entre nosotros.

También ha ganado concursos, obtenido distinciones y realizado mucha y muy buena arquitectura, consistente con sus enseñanzas, lo que no es común entre nuestros improvisados profesores, y fue con su socio, el arquitecto Jorge Rueda Gutiérrez, un innovador, en la gestión, diseño y construcción de conjuntos de vivienda. Sus proyectos merecen una divulgación mas amplia y una mejor valoración, y, especialmente, una confrontación con sus orientaciones académicas, para una mejor comprensión de sus propuestas. En pocas palabras, ha ejercido todo un liderazgo en la enseñanza y práctica de la arquitectura, y ya era hora de que recibiera el merecido reconocimiento que le acaba de hacer la Sociedad Colombiana de Arquitectos en su Congreso bi anual, esta vez en Barranquilla, donde tambien se rindió homenaje a Rogelio Salmona y Arturo Robledo. Gesto que debería ser muy diciente ahora que muchos arquitectos se han dejado seducir por la moda de las “torres” de vidrio, aluminio y acero inoxidable, como algunas “estrellas” contradictoriamente invitadas al evento como si tuvieran algo pertinente que decir.



11.10.2007 Un arduo legado

Rogelio Salmona no solo nos dejó sus muchos edificios, que afortunadamente pasarán ser parte del patrimonio nacional para su correcta conservación y, en últimas, para evitar su innecesaria demolición, como ya pasó hace años en Bogotá con una de sus mejores casas. Nos dejó tambien, ante todo, el compromiso de continuar, entre los arquitectos que lo son, su vehemente logro de que se comenzara a valorar de nuevo en Colombia la arquitectura. Hecho fundamental en este país de muchas ciudades tan nuevas, que crecen, en rápida transformación, con una mala arquitectura y un pésimo urbanismo. Y en donde un mal entendido desarrollo, puramente especulativo, separó a la arquitectura de la cultura ante el desinterés de unos intelectuales apenas interesados en la poesía escrita, y la ceguera de unos ciudadanos que llegaron al extremo de elegir en Cali a un alcalde ciego, y que por todas partes votan por candidatos que miran pero no saben ver ni les interesa. Por eso decía Salmona que hacer aquí (buena) arquitectura es un acto político.

Lamentablemente, de los mas de 35.000 arquitectos que hay en el país, no muchos lo son a carta cabal pero todos tienen licencia para proyectar sin contar con la formación y, sobre todo, con la experiencia necesaria, para no hablar de los ingenieros que hasta los ingenieros agrónomos lo pueden hacer. No en vano en alguna ocasión dijo Salmona que solo se podía aprender arquitectura trabajando con un maestro. Es urgente, pues, la reforma de la practica profesional y de las escuelas de arquitectura. Como lo dijo hace años Germán Téllez, habría que cerrarlas para poder abrirlas de nuevo bien. Lo que implicaría primero que todo reducir drásticamente su numero pues ahora ya son mas de 60, lo que se explica solo por que son un simple negocio. Y se necesitan mas postgrados en arquitectura en las no mas de diez escuelas respetables que hay, y crear en ellas otros programas relacionados con la proyectación arquitectónica, como ya hace mucho tiempo lo hicieron las facultades de ingeniería, con sus distintas especializaciones, en todas las universidades del país.

Finalmente, habría que limitar a los que tengan una practica larga en un despacho de arquitectos o estudios de postgrado en proyectación arquitectónica, el ejercicio individual de este aspecto de la profesión. Paradójicamente en Colombia sobran arquitectos pero faltan mejores proyectistas. Y por supuesto estos deberían estar agremiados como tales pues no solo tendrán que enfrentar a profesionales de todas partes, con la globalización del ejercicio de la profesión, si no que el futuro de nuestras ciudades, en tanto que artefactos, se juega en la mejor escogencia de su arquitectura. Así lo entendió Salmona y de ahí su interés en una ética del oficio. Su mas importante y difícil legado es, pues, la búsqueda de una arquitectura pertinente y sostenible, que sea apropiada culturalmente en la medida en que contribuya seriamente a la identidad del país. Que permita “la posibilidad de crear imaginarios para transformar la vida” como lo dijo en Jväskylä al recibir la medalla Alvar Aalto que los arquitectos finlandeses le otorgaron hace pocos años.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 11.10.2007